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InviernoEl viento, la lluvia, la nieve, el hielo o la niebla dificultan la conducción y hay que estar atento a los riesgos que cada entrañan. El viento no se detecta muchas veces hasta que zarandea el vehículo y lo desvía de su trayectoria, por eso es bueno observar la inclinación de plantas y arbustos del borde de la carretera y hacia qué lado lo hacen para estar precavidos. Hay dos situaciones en las que se debe tener especial cuidado: al adelantar a otro vehículo -sobre todo si es voluminoso- y al salir de una zona protegida por edificios, montículos o túneles a otra llana. En ambos casos debe disminuirse la velocidad, sujetar firmemente el volante e ir corrigiendo la trayectoria. Pero con movimientos suaves, ya que rectificar bruscamente con el volante puede originar bandazos. Conviene mantener un cierto grado de aceleración (reducir a una marcha inferior), para que la fuerza del motor ayude a mantener la trayectoria. El efecto de la lluvia es peor al principio. Cuando comienza a llover, el agua se mezcla con el polvo y la grasa del asfalto y el firme se hace muy resbaladizo. Después aumenta algo la adherencia y se hace más uniforme, aunque si hay mucha cantidad en el suelo, pueden patinar las ruedas (el efecto acquaplanning). Conviene aumentar la distancia de seguridad con el vehículo que nos precede y reducir la velocidad, sobre todo en curvas, procurando frenar antes de llegar a ellas, en línea recta. Los movimientos de volante han de ser suaves y progresivos. Para la nieve, la DGT ha establecido, e identificado con colores, cuatro niveles de dificultad para circular con nieve. El nivel verde sirve de clave cuando comienza a nevar: no hay que superar los 100 kilómetros por hora en autopistas y autovías, y los 80 en el resto de carreteras; los camiones deberán circular por el carril derecho y no pueden adelantar.
Ante el hielo, lo importante es saber agarrarse. El hielo es traicionero y tiene un coeficiente de adherencia prácticamente nulo, por lo que conviene tener mucho ojo con las umbrías y las proximidades de arroyos. Si se sospecha que puede haber placas de hielo, se debe disminuir la velocidad, llevar el motor a un régimen bajo (1.500 ó 2.500 revoluciones por minuto) para conseguir un mayor agarre y tocar el pedal de freno con mucha suavidad. En la niebla, ver y ser vistos es el objetivo. Hay que utilizar el alumbrado de cruce por que el de carretera rebota en la niebla. De día es cuando más se requiere el alumbrado de niebla para ser vistos, ya que la luz diurna mimetiza casi por completo los automóviles, especialmente aquellos de colores claros y metalizados. El alumbrado especial antiniebla (delantero) es un buen complemento. El trasero, obligatorio, permite que los demás detecten con antelación nuestra presencia. Pero si circulamos de noche detrás de otro coche y su luz de niebla nos deslumbra, es evidente que resulta innecesaria y que la nuestra cegará al que circula detrás. |